Lo que comenzó siendo la tarea de literatura más esperada durante el tiempo que estuve en el colegio, terminó siendo el cofre del tesoro de lo que es hoy Memorias de Cache.

En mi último años, un requisito para graduarnos además de las pruebas saber y aprobar todas las materias, debíamos escribir un obituario, contando toda la historia de nuestra vida desde que nacimos hasta como nos imaginábamos que moriríamos y lo que dejaríamos como legado. Algo así como un proyecto de vida a largo plazo. Lo que al principio parecía bastante divertido investigar cómo había sido la historia de mis padres,  como se conocieron y su historia de amor y recordad muchas anécdotas que se van olvidando de la niñez, se convirtió en una carrera contra el tiempo para entregar cualquier cosas y poder graduarme.

Cuando comencé a escribir las primeras páginas de mi libro, el cual lo llame “Sueños hechos realidad, una historia inolvidable” me sentía como una escritora profesional (un sueño que aún está vigente)  y me dedicaba bastante tiempo para pensar cada palabra y que al leerlo quedara como yo  me lo imaginaba. Inmersa en ese sueño, no me di cuenta que ya me faltaban dos días para la entrega y yo apenas había escrito hasta cuando tenía 5 años y me faltaba prácticamente toda mi vida.

Sin poder hacer otra cosa, pase de largo la última noche y escribí prácticamente toda mi vida en 8 horas con dos tasas enormes de café y los ojos entre cerrados. Al final el resultado no fue lo que yo me imaginaba, la mediocridad con la que se leía toda mi vida me entristecía pero el tiempo se me había acabado y aun me faltaba imprimir y encuadernar, lo que tampoco fue como yo me lo imaginé.

Recuerdo que cuando mi hermana tuvo que hacer unos años antes su propio obituario mi mamá le creo una caratula hermosa en aluminio, con un toque rustico y bastante original y yo me había hecho la ilusión de que el mío tenía que ser aún más original. Pero no fue así, mi mamá para esos días no tenía la disponibilidad para crear algo tan original y nuestro presupuesto era muy reducido como para mandarlo hacer.

Así que compre unas hojas que ya vienen con motivos y en la oficina de mi mamá imprimí todas las páginas, a ellas les agregue otras con mis escritos y algunas cartas que mis amigos y familiares más cercanos me escribieron.  Lo lleve todo a una litografía económica y me empastaron lo que yo quería que fuera mi libro favorito como una aburrida y tediosa tesis de grado, no sabía qué hacer para que no se viera tan aburrido así que compre una caja de regalo con un moño y así lo entregue.

Tal vez si hubiera comenzado a escribir antes o no me hubiera demorado tanto en las primeras páginas, o hubiera creado yo mi propia caratula, no encontraría errores terribles como las que veo hoy en mi libro, palabras mal escritas, errores de ortografías, ideas sin terminar, fechas que no tienen sentido o las letras torcidas y feas de la portada.

Sin embargo, hoy no me concentro en lo que pudiera haber hecho para que mi libro saliera mejor, porque ya no puedo hacer nada para cambiarlo.

Ahora agradezco a ese libro porque es mi cofre del tesoro de donde saco muchas de las cosas que te cuento en Memorias de Cache y que aún mantiene vivo mi sueño y me sirve de experiencia para la próxima vez que decida escribir un libro. Lo que aprendí de esta experiencia, es que si tengo un sueño o tengo deseo de hacer algo con todo mi corazón, debo ponerle el 110% de mi esfuerzo y no dejar que la pereza y la mediocridad interfieran en mis resultados.

Aprendí a organizar mi tiempo y cumplir en excelencia con mis responsabilidades, pero sobre todo aprendí que si estás trabajando en algo que deseas con todas tus fuerzas y al primer intento no te sale como lo esperabas no te rindas, has una evaluación de lo que fallo, corrige los errores y vuelvo a intentar.Espero algún día escribir un libro de Memorias de Cache, del que esté completamente orgullosa y feliz de publicarlo y espero que algún día tú lo compres y te encante como a  mí.


Gracias por haberme leído.

Tes espero en todas mis redes sociales.